Escribir cuando eres madre

Este no es un post que tuviera pensado escribir, ni siquiera sé si voy a poder darte algún consejo útil. Pero sí sé que es algo que a mí, en su momento, me hubiese gustado leer. Quizá tú nunca hayas pasado las madrugadas buscando: «Cómo escribir una novela siendo madre» o «Cómo sacar tiempo para escribir si tienes hijos»; en este caso te invito a leer otros post del blog que pueden resultarte más interesantes. Pero si has sufrido la desesperación de no tener tiempo ni de ir al baño escribir tranquila, te cuento mi experiencia. 

«Ser madre es una de las cosas que una mujer puede escoger, igual que ser escritora. 

Es un privilegio. No es una obligación ni un destino».

URSULA K. LE GUIN

Cómo escribir cuando eres madre

No se puede. Hazte a la idea. Y donde digo madre puede ser padre, abuela, hermano, tía… Me refiero al cuidador principal, al responsable de la crianza en primer lugar. Cuanto antes aceptes el hecho de que tu vida ha cambiado y que no puedes llegar a todo, más fácil será que puedas manejar las muchas frustraciones a las que vas a tener que enfrentarte. No puedes volver a tu vida de antes, como si nada hubiera pasado. La maternidad casi siempre te obliga a reinventarte.

Puede que ahora mismo me leas desde un pozo muy oscuro, pero te regalo un mantra que a mí me consuela y me aporta perspectiva: los días son largos, pero los años son cortos. Todo este caos pasará y podrás retomar el control de tu vida y de tu tiempo. Más o menos.

La verdad es que podría acabar el post aquí y habría dicho lo esencial. Sin embargo, ya que es un tema del que no se suele hablar mucho, vamos a extendernos un poquito más. Porque, aunque es cierto que escribir un libro es una tarea muy difícil, y escribir un libro cuando tienes hijos pequeños es una tarea titánica, no digo que sea del todo imposible. Pero ¿qué condiciones deben darse para lograrlo?

El secreto para escribir y criar al mismo tiempo

Para hallar este santo grial  he recurrido a aquellos hombres que lograron una notable producción literaria al mismo tiempo que repoblaban el mundo. Grandes nombres como Tolstoi, Gabriel García Márquez o Stephen King. En este artículo de Alberto Olmos para El confidencial explica las claves de este éxito: «Las mujeres, niñeras e internados de García Márquez o Carlos Fuentes se encargaron de preservar sus ocho o nueve horas de dedicación diaria a la literatura».

Ahí tenemos el secreto: tener las facturas pagadas y la posibilidad de delegar las tareas de cuidado es lo que permite dedicar el tiempo necesario para escribir algo que merezca la pena. No quiero restar mérito a estos grandes escritores, pero parece obvio que la clase social, el estatus económico y la manera de afrontar la paternidad (o de escaquearse de la parte más dura de la crianza) influyen a la hora de lograr nuestro objetivo.

Es cierto que el bueno de Stephen King nos cuenta en su Mientras escribo cómo sus primeras obras vieron la luz en la caravana en la que malvivía con su mujer y sus dos hijos. Me cae bien Stephen, le admiro, pero esta historia siempre me hace pensar en la otra mitad, en su esposa Tabitha King, también escritora. Mientras Stephen escribía algunas de sus mejores obras en esa época (Carrie, El Resplandor), Tabitha paró su producción como poeta al poco de nacer su primera hija (1970), y no volvió a publicar nada hasta diez años después, cuando el tercero de sus hijos tenía ya cuatro años.

Que no te engañen los artículos sobre escritoras a las que supuestamente la maternidad no les afectó en su producción literaria. Esta es la excepción, no la regla. Por eso hay artículos sobre ellas en los periódicos. No te sientas mal si desde tu puerperio no has conseguido escribir ni la lista de la compra.

Parece bastante claro que, para nuestro propósito, es fundamental tener ayuda en la crianza, tanto económica como asistencial. Tener hijos es caro y además consume mucho tiempo y creatividad. Quizás el secreto esté en tener solo un hijo, como afirmaba Alice Walker en In Search of Our Mother’s Garden: Womanist Prose, pero quiero pensar que todavía hay esperanza a las que nos hemos pasado de la raya. 

Para mí, en la práctica, todo se resume en disponer de una habitación propia, como decía Virginia Woolf (y como te contaba en mi última newsletter). Entendiendo esa «habitación» como un espacio físico y mental donde poder retirarte para imaginar y crear. Y sobre todo para evitar el enemigo número uno de la creatividad: las interrupciones.

«Que las mujeres deberían tener niños en lugar de escribir libros es la opinión de la civilización occidental. Que las mujeres deberían escribir libros en lugar de tener niños es una variación sobre el mismo tema. ¿Es posible, o deseable, para una mujer, hacer ambas cosas?».

ALICIA OSTRIKER
escribir siendo madre

Cómo crear una «habitación propia» cuando tienes hijos

Reclamar nuestro espacio creativo cuando somos madres no es fácil. Por suerte, la maternidad no es un estado inmutable, así que llega un momento en que crecen y todo es (aparentemente) más sencillo.

Mientras tanto, podemos tratar de escribir a otro ritmo, rebajando expectativas y buscando aprovechar las pequeñas ventanas de tiempo de escritura que el día a día con niños nos va dejando. Aquí van algunas ideas de cómo sentar las bases para que escribir y cuidar no sea una tarea imposible:

Cocriador implicado

Ya he mencionado hasta la saciedad que este punto me parece fundamental. Solas es imposible llegar a todo. Basta ya, por favor, del mito de la superwoman. 

Creo necesario que la otra persona entienda la importancia de la escritura para ti, y el llegar a un equilibrio respecto a las tareas de cuidado, no solo de los hijos, sino del mantenimiento de la casa en general. Es decir, que el corresponsable de la crianza se ocupe también de la alimentación, sueño, citas médicas, reuniones y tareas escolares, lavadoras, limpieza, transporte, compras… 

Tribu

Más allá de poder compartir la responsabilidad de la crianza con la pareja o el otro progenitor, el disponer de ayuda extra marca una clara diferencia. Me refiero a esa tribu, esa red de apoyo en la crianza que muchas veces es inexistente, como señala Carolina del Olmo en su libro ¿Dónde está mi tribu?

Poder delegar, aunque sea ocasionalmente, las tareas de cuidado en la familia, amigos, vecinos… puede facilitarte la posibilidad de acceder a esas pequeñas ventanas de tiempo de escritura de las que hablábamos, además de paliar un poco la soledad que muchas veces conlleva la maternidad.

Si no tenemos tribu, nos queda la opción de recurrir al apoyo de cuidadores de pago: niñeras, escuelas infantiles, madres de día… 

Sin tribu ni dinero la crianza es muy difícil. Bien lo sabemos todos los padres que tratamos de conciliar nuestra vida familiar con la profesional. Con este panorama, encontrar, además, tiempo de calidad para escribir, para crear, resulta imposible.

Prioridades

Vamos a dar por hecho que la prioridad número uno son tus hijos. Y, si tienes un trabajo remunerado del que dependen tus facturas, esa sería la segunda prioridad. Pero la escritura debería estar en los primeros puestos de tu lista.

De todo lo demás, trata de delegar lo que puedas o buscar alternativas que te permitan disponer del poco tiempo que tienes para escribir. Si te lo puedes permitir, contrata a alguien que se ocupe de la limpieza de la casa o de cocinar. No planches. Haz la compra por Internet. 

Y elimina todo aquello que te distraiga de la escritura (menos el descanso, que es fundamental): redes sociales, programas de televisión, series aburridas, llamadas telefónicas interminables, amistades tóxicas o compromisos que no te apetecen. De verdad que no pasa nada por decir que no.

La motivación y el compromiso con la tarea son los factores que más influyen a la hora de lograrlo. Pero, por favor, no te sientas mal si no tienes fuerzas para ponerte a escribir. Recuerda: los días son largos, pero los años son cortos. Ya llegará ese momento; cuídate mientras tanto. 

Rutina, rutina, rutina

Rutinas y niños pequeños son términos que casi van de la mano. Yo antes pensaba que los padres eran unos exagerados, hasta que tuve a mi primer hijo y vi claro el poder de las rutinas. Llevada al extremo puede ser como una versión del condicionamiento clásico del perro de Pávlov, pero que está socialmente aceptada para los niños. En la pedagogía Waldorf existe el concepto de «ritmos», por si no te gusta el término «rutinas»; para nuestro caso, es lo mismo. 

Saber a qué horas es más probable que tu bebé se eche la siesta es como tener el superpoder de la precognición, ya que te permite estructurar tu día de tal manera que puedes asegurarte dos o tres horas de trabajo productivo. Incluso, puedes llegar a desarrollar un hábito de escritura basado en los horarios de tu bebé que te funcione durante algunos meses, hasta que sus pautas de sueño vuelvan a cambiar y se vaya todo al traste de nuevo.

Organización

Cada proceso de la escritura implica distinta necesidad de concentración. Puedes planificar tu escritura según el tipo de tareas que necesitas llevar a cabo. No es lo mismo tener que escribir, que documentarte, que tener que corregir. Saber en qué punto estás de antemano te permite cierta capacidad de organización y de aprovechar momento diferentes. 

Por ejemplo, puedes reservar los momentos de más calma para escribir y corregir, y aprovechar para documentarte mientras vigilas a tus hijos en el parque. Puedes hacer sesiones de brainstorming cuando toque pasear a tu bebé en el carro o la mochila.

La técnica del time blocking o el tablero Kanban pueden ayudarte a organizar tu tiempo y objetivos, de tal manera que puedas trazar un plan de acción según los momentos que creas más apropiados para cada proceso de la escritura.

Flexibilidad

Todo esto de la organización y la rutina está muy bien, pero en la práctica todos los padres aprendemos pronto que la habilidad más valiosa es la flexibilidad. Sobre todo porque la vida con niños está llena de imprevistos. Y virus, muchos virus. 

Intenta adaptarte y utilizar cualquier ventana de tiempo que de pronto esté disponible. ¿Que tu bebé se echa un sueñecito inesperado a mitad de mañana? Aprovecha para escribir lo que dure. ¿Que se presentan tus suegros de visita a ver a sus nietos? Saluda amablemente, pon una excusa y retírate a trabajar en la escaleta de tu novela. ¿Que tu pareja sale antes del trabajo y puede llevárselo un ratito al parque? Agradéceselo y ponte a corregir. ¿Que el niño se pone malo? Rebaja expectativas y trata de no frustrarte.

Si dominas la «escritura en sprints» (escribir todo lo que puedas en un periodo corto de tiempo, de unos 30 minutos, por ejemplo), avanzar en tu libro te va a resultar más fácil que si necesitas esperar a tener dos o tres horas seguidas para poder concentrarte. Quizá esta sea una habilidad en la que merezca la pena invertir y perfeccionar durante estos años de crianza.

Otro consejo: trata de dejar siempre preparado y a mano el material que necesites, para no perder tiempo si se presenta una oportunidad de escribir en cualquier momento.  

escribir con bebés

Escribir si acabas de tener un bebé

Cada etapa tiene sus pros y sus contras, además de que cada niño y cada maternidad es diferente. Aun así he tratado de recopilar algunas ideas que pueden facilitarte la tarea de escribir en esta etapa. Si tienes más ideas y quieres compartirlas conmigo, no dudes en hacerlo en comentarios. Algunas de estas me han funcionado, otras no, pero puede que a ti sí. 

  • Contar con otro cuidador. He hablado de ello en el apartado anterior, pero lo vuelvo a mencionar porque en esta etapa el apoyo me parece vital. Y cuanta más ayuda tengas más probable será que puedas sacar adelante la escritura. Pregunta a tus padres o suegros o personas de confianza si quieren llevarse una horita al bebé de paseo. Si no tienes tribu y crías sola [te mando un abrazo], puedes valorar una escuela infantil o contratar a una persona que le atienda durante algunas horas mientras tú trabajas en tu escritura.
  • Sal de casa, si puedes. Esta sería mi primera opción para asegurarte evitar interrupciones y aprovechar al máximo tu tiempo de escritura. Necesario sobre todo cuando necesitas concentrarte al máximo, por ejemplo para corregir o editar lo que llevas escrito. Si no tienes un lugar a donde ir, busca una biblioteca o cafetería cercana, por ejemplo, donde te sientas a gusto.
  • Si ya trabajas fuera de casa mientras otro cuidador se ocupa de tu bebé, puedes valorar quedarte una hora extra al terminar tu jornada y aprovecharla para escribir.
  • Ponte a escribir justo después de que se quede dormido en la siesta o por la noche. De esta forma, si conoces las rutinas de tu bebé, sabrás cuánto tiempo tienes por delante antes de que se despierte, que suele ser bastante a medida que va madurando su sueño. Con suerte puedes marcarte un maratón de varias horas de escritura.
  • Puedes hacer como JK Rowling, que salía a pasear con su bebé para dormirlo y luego se metía en una cafetería a escribir. Esto es algo que siempre he querido hacer, pero mis bebés siempre se han despertado al notar que el movimiento del carro o la mochila ha cesado. 
  • Puedes (y debes) tomar notas en cualquier momento, por ejemplo, mientras paseáis. Utiliza la aplicación de notas de voz o el dictado de tu teléfono. Si sales a pasear con tu pareja o un amigo de confianza, háblale de tu novela. Nunca se sabe qué ideas pueden surgir al hablar de la trama con otra persona que puedes aprovechar luego.
  • Puedes portear a tu bebé (sobre todo si es recién nacido) y escribir en una mesa alta. O dormirle al pecho sentada en tu silla de escritorio y ayudarte de un cojín de lactancia para tener las manos libres. También puedes escribir tumbada en la cama con un portátil o una tablet mientras tu bebé tetea o duerme.
  • Si te lo puedes permitir, hazte con tecnología que te facilite el poder leer y escribir en cualquier sitio. Con el nacimiento de mi primer hijo di el salto definitivo del papel al digital. No porque me gustase más, sino porque leer en la tablet me permitía hacerlo a oscuras mientras colechaba con mi bebé o le daba el pecho en cualquier parte. Además, podía tomar notas de mis lecturas o ideas que se me ocurrían en el momento más inoportuno. Puedes incluso escribir toda tu novela directamente en la tablet.
  • Cuando tu bebé comienza a moverse puedes preparar una habitación libre de peligros para que juegue y explore con libertad mientras tú compartes el mismo espacio haciendo tareas de escritura.
  • Busca actividades novedosas que puedan entretenerle un rato mientras tú escribes. En Pinterest, por ejemplo, puedes encontrar muchas ideas (yo así me hice un máster en entretenimiento para bebés, aunque he de decir que no siempre funcionan).
  • Descansa. Parece el típico consejo de manual de autoayuda, pero es que si no estás descansada se va a notar en tu escritura. Recuerda que la motivación es un factor determinante a la hora de sentarnos a escribir, y si estás agotada te será imposible. Prioriza el descanso y tu cuidado.
  • No te compares: a lo mejor Fulanita escribió su gran ópera prima tras dar a luz a su primogénito, pero no sabemos si la tal Fulanita vivía de las rentas que le dejó su tía, además de disponer de niñera, mayordomo, cocinera… 
escribir con niños

Escribir con niños más mayores

A  medida que crecen la cosa va cambiando; van siendo más autónomos y se puede empezar a negociar con ellos.

  • Si van al colegio y tú no trabajas fuera de casa, aprovecha esas horas para escribir. Aunque tengas otras cosas que hacer, resérvate tiempo al principio de la mañana y deja el resto de tareas, que quizá requieran menos atención o impulso creativo, para después.
  • Organízate los fines de semana para escribir un rato, sobre todo si tienes un trabajo fuera de casa que te complica mucho escribir entre semana.
  • Explícales que necesitas que no te interrumpan mientras escribes. Puede que no lo comprendan todavía, sobre todo si tienes un peque con neurodiversidad, pero insiste en ello. Puedes colgar algún cartelito en la puerta cuando escribes que les ofrezca una pista visual para recordarles que en ese momento deben esperar para pedir cualquier cosa. 
  • Sal de casa, si puedes. Porque, seamos realistas, por mucho que expliques y mucho cartelito que cuelgues en tu puerta, lo más probable es que te interrumpan varias veces a lo largo de la sesión. Incluso aunque haya otro cuidador en la casa a su cargo. Si puedes, vete de casa a escribir a otra parte.
  • Apúntalos a alguna extraescolar. Cuidado con los horarios y el lugar de realización de las extraescolares: se trata de ganar algo tiempo para escribir mientras tu peque se divierte, no de complicarte las tardes teniéndoles que llevar y traer de las malditas extraescolares.
  • Propón a los abuelos o algún familiar que se hagan cargo de ellos alguna tarde a la semana para que tú puedas escribir. 
  • Con cierta edad suelen empezar a pedir ir a casa de algún amigo (al menos antes de la pandemia). Si tienes confianza con la familia de su amigo quizá puedes dejarle alguna tarde a jugar a cambio de que vengan otra a tu casa.
  • Dedícales tiempo de calidad. Igual parece contradictorio, pero cuanto más te esfuerces por que te dejen trabajar un ratito, más van a demandar tu atención o tu presencia. Algo que a veces suele funcionar es iniciar algún juego o actividad con ellos y al cabo de un rato, cuando ya están inmersos en ella, retirarte a escribir.
  • Guarda juguetes y sácalos en el momento de tu sesión de escritura. Es probable que, al ver juguetes con los que hace tiempo que no juegan, los tengas entretenidos un buen rato. Puedes tener algún tipo de «juguetes especiales» a los que solo tengan acceso cuando tú te sientas a escribir.
  • Escribir cuando duermen. Puedes acostarles pronto para escribir por la noche o bien levantarte tú más temprano y aprovechar las primeras horas del día. Cuando son más mayores creo que suele funcionar mejor la opción de madrugar, sobre todo los días de colegio, porque te aseguras una buena sesión de escritura cuando tienes la mente más fresca y sin el cansancio acumulado de la jornada. 
  • Haz coincidir el tiempo de pantallas con el tiempo que vas a dedicarle a tu escritura, si es que en tu familia tenéis permitido el acceso a las pantallas. Yo ni quiero ni soy quién para juzgar lo que cada familia ha decidido, tanto si opta por evitar el uso de la tele y tablet con sus hijos, como si ha instaurado la barra libre de Netflix y Fornite en su casa. Pero está claro que las pantallas «atrapan» la atención de la mayoría de los niños por bastante tiempo, así que si en vuestra familia habéis decidido permitir el acceso de vuestros hijos por un tiempo limitado a este tipo de entretenimiento, una buena estrategia es que aproveches a escribir justo en ese momento para minimizar las interrupciones.
  • No te compares: aunque oigas que Fulanita va a sacar a la luz su quinta novela y que, además de cumplir con su jornada laboral de ocho horas más guardias operando en el hospital infantil, practica el homeschooling con sus cinco hijos y fabrica su propia leche de almendras…, no sabemos si la tal Fulanita es un robot. O una extraterreste. Fulanita, por favor, si me estás leyendo no te vayas sin antes dejarme un comentario contándome cómo lo haces. Gracias.

Escritoras que sobrevivieron a la maternidad

O tal vez esta sección se podría titular también «madres que sobrevivieron a la escritura», no sé. Cuéntame qué opinas en los comentarios.

Escribir (y en general cualquier actividad creativa o intelectual) y criar al mismo tiempo es muy duro, porque la escritura necesita mucha dedicación y energía, y los niños tambien. Aunque las madres lo hagan todo el tiempo. Incluso hay alguna que logra hacer medio bien una de las dos cosas.

Algunas de las que sobreviven sienten la necesidad de ponerlo por escrito, para advertir a las que vienen detrás, o quizá para desahogarse, porque nadie parece escucharnos de verdad. Por eso te quiero dejar aquí algunas lecturas sobre crianza y escritura que considero valiosas por algún motivo y que quizá te ayuden en tu camino.

*He usado enlaces de afiliado de Amazon por los que obtengo una pequeña comisión por cada compra adscrita que cumpla los requisitos aplicables.

Maternidad y creación, de Moyra Davey

El nudo materno, de Jane Lazarre

A mí no me iba a pasar, de Laura Freixas

Las madres no, de Katixa Agirre

La mejor madre del mundo, de Nuria Labari

«Mi oficio», incluido en Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg

escritoras y madres

Además, puedes leer otros artículos en la blogosfera sobre el tema aquí, aquí y aquí. Si conoces más escritos de este tipo, por favor, no dudes en compartirlos conmigo. 

Esta es mi experiencia y espero que te haya servido, al menos, para que te encuentres menos sola en esta aventura. Recuerda: los días son largos, pero los años son cortos. 

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